En el Jardín (Dame tus ojos)
El sol se encuentra en su punto más alto con su calor abrazador. Su luz hacía ver los colores más brillantes de lo habitual. Sobre el césped se movía una delgada línea verde y a su pasó, comía tanta grama como podía, dejando un suco tras ella.
Era una oruga joven e inteligente, que no pensaba en otra cosa que sí misma y en llenar su barriga, comía cuanta hoja se le atravesaba en el camino, incluso a costa de dejar a otros bichitos sin alimento y llegando a lastimar a algunos de ellos.
El dueño del jardín había trabajado muy duro para crear un espacio hermoso, lleno de plantas, flores y árboles frutales. Lo había diseñado para que muchos animalitos vivieran en él y comieran de todo lo que crecía allí. Pero está oruga no entendía que no debía comer tanto y que además debía trabajar para mantener el jardín sano.
No contenta con comerse las hojas, comenzó a comerse las flores también y cierta mañana levanto su vista hacia el cielo y vio unas enormes esferas rojas que pendían de las ramas de un árbol. Se dijo en sus adentros -Eso debe de ser delicioso. Comenzó entonces a trepar por el grueso tronco del árbol poco a poco y con esfuerzo, porque para estas alturas ya había engordado un poco y le era difícil llevar la carga de su cuerpo. Por fin llego a la primera suculenta manzana y le dio un tremendo mordisco y le siguió de otro, de tal forma que fue metiendo la cabeza dentro y luego toda ella quedo atrapada dentro del fruto, hasta comérselo todo. Y así paso de fruto en fruto hasta terminar con toda la cosecha. Fue entonces cuando vio un poco más allá las brillantes esferas de color naranja y no puedo resistir la tentación de ir por ellas.
Como este segundo árbol era más chico, solo le fue necesario comprimirse toda y dar un salto para estar frente a su nuevo banquete, el cual también comenzó dando un tremendo mordisco y luego introduciéndose en la fruta, hasta acabar con todo lo que había producido la planta.
A estas alturas el dueño del jardín ya estaba preocupado por todos los daños y se preguntaba quién era el causante de tanto destrozo.
Mientras tanto la oruga ya había descubierto un hermoso racimo de bananos amarillos y esta vez solo se dejó caer sobre la larga hoja de la planta, como si fuera un resbaladero. Se deslizó rápidamente por la hoja la cual le condujo hasta los deliciosos frutos. Esta vez no fue la excepción. Uno a uno acabó con todo el botín que había descubierto. Volvió a usar de transporte una de sus hojas para llegar hasta el suelo, donde pesadamente cayó y quedó profundamente dormida, hasta que las pesadillas le despertaron. La barriga se le había hinchado de tanta comida y no podía casi ni moverse por el tremendo dolor de estómago que tenía.
Cómo pudo se arrastró por el jardín buscando ayuda, hasta que encontró unas ramitas de anís que brotaban junto a la grama. El olor era tan agradable que no pudo resistir la tentación de llevarse un bocado. Afortunadamente, esta planta es medicinal y le alivió el dolor. Aun así la barriga estaba enorme y su cuerpo se había convertido en una enorme masa verde incapaz de desplazarse de ninguna manera. Lucho y lucho, pero no logró moverse del lugar. El dolor comenzó de nuevo y era tan fuerte que parecía que alguien le quería arrancar el estómago y todos sus órganos con la mano. A este dolor le siguió otro, el de su corazón, parecía que alguien se lo aplastaba con tremenda fuerza entre las manos, como que quisieran que explotara. Fue tanto el dolor que se desmayó, allí en medio del jardín, totalmente descubierta y desprotegida, incapaz de defenderse por sí misma.
Fue entonces cuando esa ave de color oscuro y de ojos enrojecidos la vio tirada en el suelo, ya que ahora era tan grande y gorda que podía verse a gran distancia y pensó – Con este bicho tendré comida para mí y mis hijos, incluso algunos amigos. Pero también alguien más la había visto desde la ventana. Era el dueño del jardín. Ambos giraron sus cabezas y cruzaron sus miradas, volvieron de inmediato a ver a la oruga y de nuevo cruzaron miradas. El Señor dueño del jardín se remango la camisa, el ave sacudió sus plumas. El señor se ató los zapatos tenis, el ave afiló su pico contra el tronco del árbol y luego dio un gran grito que enchinaba la piel. El Señor resopló y se lanzó desde la ventana, le siguió el ave que planeó por los aires y se dejó caer en picada sobre su presa.
Se escuchó un tremendo estruendo por todo el vecindario cuando el Señor cayó sobre el jardín, mientras trataba de salvar a la oruga, se golpeó las manos, también los pies y la frente y comenzó a sangrar de las heridas que se hizo al caer, luego el ave se estrelló sobre su costado, dándole un picotazo. Pero ya el señor estaba protegiendo con todo su cuerpo a la oruga. El ave quedó totalmente atolondrada por el impacto y decidió huir del lugar, reconociendo que el Señor era más grande y más fuerte que ella. Volvieron a cruzar sus miradas mientras se retiraba del lugar y los grandes ojos del Señor infundieron gran temor en el ave.
El señor recogió a la oruga y la llevó a su casa, durante un buen tiempo tuvo cuidado de ella y comenzó a construirle un capullo donde estuviera segura, ya que esta era incapaz de hacerlo por si sola. Dentro de este capullo pintó un hermoso diseño, la introdujo en él y le pidió que hiciera un esfuerzo por cerrarlo desde adentro ella sola. Antes de esto le explico que era el dueño del jardín y los planes que tenía con él. La oruga avergonzada se apresuró a sellar el capullo, para quedarse sola, en la oscurilla d ese pequeño espacio.
Pasó mucho tiempo dentro, meditando en su conducta y el peligro que corrió, también en cómo había sido rescatada y un día decidió salir de nuevo y hacer algo por aquel Señor y aquel jardín.
Hizo una pequeña abertura con las fuerzas que le quedaban, se sentía más liviana y delgada, aunque sobre sus lomos aún persistía una carga. Poco a poco fue saliendo hasta ver la luz, pero la carga en su espalda quedo atorada y tuvo que valerse de un esfuerzo descomunal para poder salir. Mientras esto pasaba la carga de se le fue haciendo más liviana, como si alguien la exprimiera y aunque dolía un poco, no podía darse el lujo de quedarse a medias, porque moriría.
Cuando por fin logró salir, se percató que esta provista de un par de alas, las sacudió un poco y luego las desplegó, en ese momento se pudo ver el hermoso diseño que el Señor le había pintado al capullo y que luego se transfirió a sus alas. El ave que había estado contemplando la escena y alistándose para comerse al bicho se asustó en gran manera, pues el diseño que tenía tatuado en las alas era un enorme par de ojos, hermosos iguales a los del señor.
La ahora mariposa reconocía que era más débil que el ave, pero sabía que tenía los ojos del Señor sobre ella y no tenía más que desplegar sus alas cada vez que el ave estaba cerca, para que esta hullera despavorida, recordando el momento en que fue derrotada por el Señor, que era más grande y más fuerte que ella.
Desde ese día se dedicó a cuidar del jardín, a restaurar lo que había destruido y a enseñarles a otras orugas cual era la misión en sus vidas. Y aunque el ave fue por muchos más de sus amigos, el jardín está lleno de alas con el diseño delos ojos de Señor, lo cual hacía que invariablemente salieran huyendo llenas de temor y reconociendo que el Señor, dueños del jardín, cuyos ojos estaban sobre la mariposa, es más grande y más fuerte que ellas.
Autor: Jesucristo / Adaptación: Ray Rosales
Era una oruga joven e inteligente, que no pensaba en otra cosa que sí misma y en llenar su barriga, comía cuanta hoja se le atravesaba en el camino, incluso a costa de dejar a otros bichitos sin alimento y llegando a lastimar a algunos de ellos.
El dueño del jardín había trabajado muy duro para crear un espacio hermoso, lleno de plantas, flores y árboles frutales. Lo había diseñado para que muchos animalitos vivieran en él y comieran de todo lo que crecía allí. Pero está oruga no entendía que no debía comer tanto y que además debía trabajar para mantener el jardín sano.
No contenta con comerse las hojas, comenzó a comerse las flores también y cierta mañana levanto su vista hacia el cielo y vio unas enormes esferas rojas que pendían de las ramas de un árbol. Se dijo en sus adentros -Eso debe de ser delicioso. Comenzó entonces a trepar por el grueso tronco del árbol poco a poco y con esfuerzo, porque para estas alturas ya había engordado un poco y le era difícil llevar la carga de su cuerpo. Por fin llego a la primera suculenta manzana y le dio un tremendo mordisco y le siguió de otro, de tal forma que fue metiendo la cabeza dentro y luego toda ella quedo atrapada dentro del fruto, hasta comérselo todo. Y así paso de fruto en fruto hasta terminar con toda la cosecha. Fue entonces cuando vio un poco más allá las brillantes esferas de color naranja y no puedo resistir la tentación de ir por ellas.
Como este segundo árbol era más chico, solo le fue necesario comprimirse toda y dar un salto para estar frente a su nuevo banquete, el cual también comenzó dando un tremendo mordisco y luego introduciéndose en la fruta, hasta acabar con todo lo que había producido la planta.
A estas alturas el dueño del jardín ya estaba preocupado por todos los daños y se preguntaba quién era el causante de tanto destrozo.
Mientras tanto la oruga ya había descubierto un hermoso racimo de bananos amarillos y esta vez solo se dejó caer sobre la larga hoja de la planta, como si fuera un resbaladero. Se deslizó rápidamente por la hoja la cual le condujo hasta los deliciosos frutos. Esta vez no fue la excepción. Uno a uno acabó con todo el botín que había descubierto. Volvió a usar de transporte una de sus hojas para llegar hasta el suelo, donde pesadamente cayó y quedó profundamente dormida, hasta que las pesadillas le despertaron. La barriga se le había hinchado de tanta comida y no podía casi ni moverse por el tremendo dolor de estómago que tenía.
Cómo pudo se arrastró por el jardín buscando ayuda, hasta que encontró unas ramitas de anís que brotaban junto a la grama. El olor era tan agradable que no pudo resistir la tentación de llevarse un bocado. Afortunadamente, esta planta es medicinal y le alivió el dolor. Aun así la barriga estaba enorme y su cuerpo se había convertido en una enorme masa verde incapaz de desplazarse de ninguna manera. Lucho y lucho, pero no logró moverse del lugar. El dolor comenzó de nuevo y era tan fuerte que parecía que alguien le quería arrancar el estómago y todos sus órganos con la mano. A este dolor le siguió otro, el de su corazón, parecía que alguien se lo aplastaba con tremenda fuerza entre las manos, como que quisieran que explotara. Fue tanto el dolor que se desmayó, allí en medio del jardín, totalmente descubierta y desprotegida, incapaz de defenderse por sí misma.
Fue entonces cuando esa ave de color oscuro y de ojos enrojecidos la vio tirada en el suelo, ya que ahora era tan grande y gorda que podía verse a gran distancia y pensó – Con este bicho tendré comida para mí y mis hijos, incluso algunos amigos. Pero también alguien más la había visto desde la ventana. Era el dueño del jardín. Ambos giraron sus cabezas y cruzaron sus miradas, volvieron de inmediato a ver a la oruga y de nuevo cruzaron miradas. El Señor dueño del jardín se remango la camisa, el ave sacudió sus plumas. El señor se ató los zapatos tenis, el ave afiló su pico contra el tronco del árbol y luego dio un gran grito que enchinaba la piel. El Señor resopló y se lanzó desde la ventana, le siguió el ave que planeó por los aires y se dejó caer en picada sobre su presa.
Se escuchó un tremendo estruendo por todo el vecindario cuando el Señor cayó sobre el jardín, mientras trataba de salvar a la oruga, se golpeó las manos, también los pies y la frente y comenzó a sangrar de las heridas que se hizo al caer, luego el ave se estrelló sobre su costado, dándole un picotazo. Pero ya el señor estaba protegiendo con todo su cuerpo a la oruga. El ave quedó totalmente atolondrada por el impacto y decidió huir del lugar, reconociendo que el Señor era más grande y más fuerte que ella. Volvieron a cruzar sus miradas mientras se retiraba del lugar y los grandes ojos del Señor infundieron gran temor en el ave.
El señor recogió a la oruga y la llevó a su casa, durante un buen tiempo tuvo cuidado de ella y comenzó a construirle un capullo donde estuviera segura, ya que esta era incapaz de hacerlo por si sola. Dentro de este capullo pintó un hermoso diseño, la introdujo en él y le pidió que hiciera un esfuerzo por cerrarlo desde adentro ella sola. Antes de esto le explico que era el dueño del jardín y los planes que tenía con él. La oruga avergonzada se apresuró a sellar el capullo, para quedarse sola, en la oscurilla d ese pequeño espacio.
Pasó mucho tiempo dentro, meditando en su conducta y el peligro que corrió, también en cómo había sido rescatada y un día decidió salir de nuevo y hacer algo por aquel Señor y aquel jardín.
Hizo una pequeña abertura con las fuerzas que le quedaban, se sentía más liviana y delgada, aunque sobre sus lomos aún persistía una carga. Poco a poco fue saliendo hasta ver la luz, pero la carga en su espalda quedo atorada y tuvo que valerse de un esfuerzo descomunal para poder salir. Mientras esto pasaba la carga de se le fue haciendo más liviana, como si alguien la exprimiera y aunque dolía un poco, no podía darse el lujo de quedarse a medias, porque moriría.
Cuando por fin logró salir, se percató que esta provista de un par de alas, las sacudió un poco y luego las desplegó, en ese momento se pudo ver el hermoso diseño que el Señor le había pintado al capullo y que luego se transfirió a sus alas. El ave que había estado contemplando la escena y alistándose para comerse al bicho se asustó en gran manera, pues el diseño que tenía tatuado en las alas era un enorme par de ojos, hermosos iguales a los del señor.
La ahora mariposa reconocía que era más débil que el ave, pero sabía que tenía los ojos del Señor sobre ella y no tenía más que desplegar sus alas cada vez que el ave estaba cerca, para que esta hullera despavorida, recordando el momento en que fue derrotada por el Señor, que era más grande y más fuerte que ella.
Desde ese día se dedicó a cuidar del jardín, a restaurar lo que había destruido y a enseñarles a otras orugas cual era la misión en sus vidas. Y aunque el ave fue por muchos más de sus amigos, el jardín está lleno de alas con el diseño delos ojos de Señor, lo cual hacía que invariablemente salieran huyendo llenas de temor y reconociendo que el Señor, dueños del jardín, cuyos ojos estaban sobre la mariposa, es más grande y más fuerte que ellas.
Autor: Jesucristo / Adaptación: Ray Rosales
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